Mi trabajo como celebrante y doula de final de vida tiene muchos puntos en común. Por un lado, llegan a mí personas que están atravesando el duelo por la muerte de un ser querido. Por otro, hay quienes comienzan a vivir el duelo por ellas mismas tras recibir un diagnóstico grave.
Las emociones que aparecen en estas situaciones abarcan desde la conmoción y la tristeza hasta el miedo y la preocupación. Pueden incluso surgir sentimientos de alivio y de enfado. Como sociedad, no estamos especialmente acostumbrados a convivir con emociones tan intensas y, a menudo, no sabemos cómo actuar cuando se manifiestan. Tanto para quien afronta una muerte o una enfermedad como para quien se cruza en el camino de alguien que está sufriendo, puede resultar difícil saber cómo responder.
El duelo es una respuesta natural ante una pérdida. El doliente, la persona que se encuentra en duelo, necesitará apoyo y mucha paciencia. Pero ¿qué ocurre en estos momentos con el familiar, amigo o compañero de trabajo que no tiene experiencia y no sabe qué se espera de él? ¿Cómo puede ayudar?
Especialmente si nuestra reacción habitual es intentar frenar o silenciar las emociones más «desagradables», saber cómo responder a alguien que está triste puede ser de gran ayuda. Y no solo para la persona que está sufriendo, sino también para nosotros, los que la acompañamos. No necesitamos acallar sus emociones con frases como «todo irá bien» o «no llores». Ya no es lo que se espera de nosotros.
Teniendo esto en cuenta, me gustaría compartir diez formas prácticas de acompañar a alguien que está atravesando un duelo.
1. Recuerda que no es algo personal y que no tiene que ver contigo.
Eso significa que puedes permitir que la otra persona llore o exprese sus emociones sin intentar detenerla. Mantente presente, guarda silencio y espera. La mayoría de las veces, la persona sabe lo que necesita hacer.
2. Haz preguntas.
Pregunta el nombre de su ser querido y si le gustaría contarte algo sobre él o ella. Demuéstrale que estás escuchando y que tienes tiempo para hacerlo. Procura mencionar el nombre de esa persona durante la conversación.
3. No intentes «arreglar» nada.
No hay nada malo en sentir duelo. Es una respuesta natural ante una pérdida y no necesita corregirse. En lugar de eso, acompaña a la persona, pregúntale cómo se encuentra y permite que exprese cualquier emoción que surja.
4. Está bien ofrecer un pañuelo.
No necesitas decir nada. Si tienes un pañuelo a mano, ofrécelo con sencillez y en silencio.
5. Si eres una persona que suele abrazar, pregunta antes de hacerlo.
No todo el mundo recibe el consuelo de la misma manera. Quizá un ligero contacto en la mano o el brazo sea suficiente. Si percibes que un abrazo podría ser bien recibido, ofrécelo y deja que la otra persona decida.
6. Conecta contigo mismo.
¿Cómo te hace sentir esta noticia? ¿Está despertando emociones o experiencias personales? ¿Necesitas atenderlas ahora o pueden esperar? Recuerda que has decidido detenerte y escuchar a esta persona. ¿Ha cambiado algo?
7. Incluso si trabajas habitualmente con personas en duelo, recuerda que antes que profesional eres un ser humano.
Y lo que esta persona necesita en este momento es tu presencia, no tu profesión.
8. No hagas afirmaciones o promesas que no puedes garantizar.
Evita decir que todo saldrá bien o que las cosas ocurren por algún motivo. Si el duelo está relacionado con una enfermedad o un diagnóstico, recuerda que no todo el mundo vive la enfermedad como una batalla. Para muchas personas es una experiencia incierta y aterradora, y lo que más necesitan es comprensión, no que se les anime a «luchar».
9. Anímale a compartir y a buscar el apoyo adecuado.
Si conoces alguna organización, grupo o recurso que pueda ayudarle, comparte esa información. Si puedes ofrecer ayuda práctica como pasear al perro, preparar una comida, hacer la compra o simplemente sentarte a su lado, hazlo. Y, sobre todo, cumple tu palabra.
10. Sé amable contigo mismo.
Recuerda lo que siempre nos indican antes de despegar en un avión: colócate la mascarilla antes de ayudar a otra persona con la suya. Haz del autocuidado una prioridad y presta atención a tus propias emociones.
A veces, incluso yo misma me olvido el consejo número diez. Durante los últimos días, mi propio cuerpo me ha recordado la importancia de bajar el ritmo y reservar un espacio para mí entre todos los cuidados que ofrezco a los demás.
No estoy aquí para salvar a nadie. Estoy aquí para acompañar y servir. Pero solo puedo hacerlo con presencia cuando cuido de mí misma.
Y lo mismo vale para ti.












