Si algo nos ha dado Internet es la cercanía a movimientos que suceden en otros lugares y así fue como conocí el Death Cafe allá por 2015.
Leí un blog escrito por una conocida de Facebook que había asistido a su primer Death Cafe en Londres. Cuando vi que el té y la tarta estaban incluidos, junto con una buena charla sobre lo inevitable, ¡me enganché!… Estoy eternamente agradecida a Sofie, que probablemente no sabe cómo impactó en mi vida el artículo que escribió para The Guardian.
Busqué en Google death cafe y no encontré nada en mi zona, ni en Mallorca ni en las Baleares. Sin embargo, encontré uno programado en el norte de España, ¡pero demasiado lejos para justificar un té con tarta!
Me puse en contacto con el fundador del movimiento Death Cafe, Jon Underwood, y le pregunté si había un Death Cafe aquí en Mallorca, a lo que me contestó que sí. Me alegré mucho y le pregunté dónde, a lo que me contestó -donde tú quisieras. Como no soy de las que se echan atrás ante un reto, comencé el Mallorca Death Cafe y organicé el primero en diciembre de 2015.
Por suerte para mí, una de las participantes que asistieron ese día me dio un consejo muy sabio cuando terminamos. Me dijo que fuera constante y consistente y que ofreciera Death Cafes todos los meses.
Así que aquí estamos, diez años después, cientos de Death Cafes facilitados, principalmente en España, pero también uno en Jamaica. Ahora, cada mes, organizo unos cinco o seis encuentros, presenciales y virtuales, en inglés y en español, para curiosos y para profesionales.
Estoy muy agradecida a Bernard Crettaz que fue quien inspiró a Jon Underwood con su propio Café Mortel y que Jon finalmente llevó el hablar de la muerte aún más lejos. ¡Es bueno saber que la red de cafés de la muerte en España está creciendo todo el tiempo y ¡estoy orgullosa de ser parte de ella!











